Doctor en Etología, experto en conducta animal.
Entrevista a Marc Bekoff
Amor Animal:
Vive entre lobos, perros y coyotes y se le ve muy feliz. Es uno de los grandes
expertos en comportamiento animal, y sus conclusiones, que probablemente no
sorprendan a los que conviven con perros y gatos, revolucionan el mundo
científico. "Cuando yo estudiaba se afirmaba que los animales podías ser muy
agresivos y competitivos, pero hoy puedo asegurar que hay más empatía y
compasión entre ellos que agresividad. En su vida social se ve claramente que
tienen deseos, que esperan algo de los otros. No dejamos de sorprendernos". Ha
participado en la Conferencia Internacional sobre la Protección Legal de los
Animales organizada por Altarriba, Trifolium y Faada, y tiene un libro publicado
en España con Jane Goodall, "Los diez mandamientos" (Paidós).
"Los animales aman sin dobleces"
Tengo 60 años. Nací en Nueva York y vivo en las Montañas Rocosas.
Soy profesor e investigador en la Universidad de Colorado. Escribo artículos,
libros y viajo demasiado. Mi especialidad son los cánidos, investigo sus
sentimientos. Estoy casado y cuido a los perros de todos mis vecinos.
Soy de izquierdas. Creo en un bien superior.
"Se ha especializado en las emociones y sentimientos de los animales?
-Llevo 40 años estudiando el comportamiento social de los animales, pero cuanto
más sé, más me interesan sus sentimientos. Una de mis especialidades es el
comportamiento de juego. De hecho, estoy escribiendo un libro sobre la moralidad
en los animales.
-¿Los animales saben diferenciar entre el bien y el mal?
-Tienen un sentimiento moral y en ciertas situaciones saben lo que deberían
hacer y lo que no, especialmente en el juego. ¿Sabe? Me sorprende que la gente
se sorprenda de este hecho. Los animales fabrican herramientas viven en
sociedad, tienen normas, amigos preferidos, empatía... Es una simpleza decir que
todo eso se debe al instinto.
-¿Hasta dónde llega esa moral animal?
-Cuando juegan, sean perros, gatos, osos, lobos o rapaces, se comunican que van
a jugar y, en ese juego, pueden simular que se atacan, que se matan, que se
reproducen, pero lo hacen como juego. Nunca traicionan el juego, es decir, no
atacan a un congénere cuando han pactado que están jugando.
-¿Cómo se dicen los perros "quiero jugar"?
-Apoyan las patas delanteras en el suelo, mantienen erguidas las traseras y
mueven el rabo, esto significa: "¿Quieres jugar conmigo?". Este comportamiento
lo hemos visto en perros, en coyotes, en lobos y en hienas; lo llamamos justicia
salvaje y demuestra que estos animales confían el uno en el otro.
-Si se hacen daño, ¿se disculpan?
-Sí, grabamos grupos de animales durante largos periodos y también hemos
observado comportamientos de compasión, perdón, capacidad de disculparse,
empatía... Comportamientos muy semejantes a los de los humanos.
-¿Existe la traición entre ellos?
- Existe, pero en proporciones mucho menores que entre los humanos. En las
especies que viven en grupos es rara la traición porque si un miembro del grupo
ve a otro traicionando ya no quieren relacionarse con él, y para ellos es básica
la vida social.
-¿Es cierto que los perros ríen?
- Se han hecho estudios neurológicos en los que se observa que a los perros se
les activa la misma zona cerebral que a los humanos cuando ríen. Lo expresan con
un jadeo y su risa es tan contagiosa como la nuestra: cuando un perro jadea, los
de alrededor también lo hacen.
-¿Se enamoran?
-Absolutamente, sí. Tengo un grupo de zorros en observación, y precisamente ayer
mostré una película en la que se ve todo el proceso de enamoramiento, cómo un
pareja duerme entrelazada, viajan juntos, comen juntos y se tratan con mucho
mimo. Es muy arrogante por parte de los humanos pensar que sólo ellos pueden
sentir amor.
-¿Es otro tipo de amor?
- Los cánidos expresan mucho mejor sus emociones profundas. En general expresan
mejor la tristeza y la felicidad porque son más abiertos, no tienen prejuicios y
no se reprimen. Son libres de expresar sus sentimientos. Entre ellos se
sostienen la mirada, buscan en los ojos del otro.
-¿Tienen intuición?
-Sí, perciben si el otro está abierto o cerrado porque es muy importante para la
convivencia en grupo.
-¿Intuyen las intenciones humanas?
-En especial perros y gatos, animales que llevan mucho tiempo conviviendo con
nosotros, prevén e intuyen nuestras emociones.
-¿Qué siente el perro por su amo?
-Los perros han evolucionado de los lobos y ven a su guardián como parte de su
manada, y creen que tienen que colaborar y hacer las cosas en común como harían
los lobos.
-¿También tienen depresiones?
-Sí, ellos lo dan todo y tienen expectativas. Si los abandonas, se les hunde el
mundo, has roto los códigos, se sienten confusos y deprimidos. Ese
comportamiento se ha estudiado en perros, en gatos y en chimpancés. Todos ellos
pueden llegar a morir de pena.
-¿Qué ha aprendido de los animales?
-Que tienen una vida sentimental muy profunda. Son mucho más de lo que se
piensa, y no deberían estar encerrados en los zoos ni se deberían hacer
experimentos con ellos. Cuanto más te metes en sus mentes, más compasión sientes
hacia ellos y hacia los otros humanos, porque ves los sentimientos en estado
puro; los animales no tienen
dobleces.
-¿Qué episodio vivido con animales le ha conmocionado?
-Cuando mi perro Jethro era joven, un día vi con asombro como sacaba de la boca
una bola de pelo y la depositaba en mi mano: era una cría de conejo cuya madre
probablemente había sido cazada por un coyote. Se sentó y me miró con una
ternura infinita. Yo cogí a la cría y la puse en una caja; Jethro se sentó junta
a ella y no se movió de ahí en dos semanas, se había propuesto cuidar del
conejo.
-Un perro muy compasivo.
-Podría contarle mil historias similares a ésa. Hay muchos libros con títulos
que son variaciones de la vida secreta de los animales, pero los animales son
muy públicos, basta mirarlos para entender sus motivos y sus sentimientos. Si
usted le da cariño a una vaca, la vaca le corresponderá, y si se lo da a un
periquito, también le corresponderá.
-Dicen que no tienen conciencia de muerte.
-Esta demostradísimo que los animales echan de menos al que se va o muere. Se ha
estudiado en perros, en elefantes e incluso en ratas. Cuando huelen que un
miembro de su grupo familiar ha muerto, muestran comportamientos de duelo, pero
eso no significa que entiendan la muerte como lo hacemos nosotros.
Imma Sanchís
Artículo publicado en La
Vanguardia el 22 de julio de 2006