Rosa Maria Cerdà 09/06/2007
Rosa Maria Sardà hace Bernhard
La actriz vuelve al teatro en catalán con una obra demoledora del escritor
austriaco
BELÉN GINART - Barcelona - 09/06/2007
El pasado mes de diciembre la actriz Rosa Maria Sardà ofreció en Málaga la
última representación de Wit. Puso así fin a un periplo escénico como enferma
terminal que se resume en más de 250 funciones a lo largo de tres años. Le
apetecía volver con un espectáculo en el que el humor tuviera un peso
importante. Y lo hará el próximo jueves con Tres dramolette, un montaje sobre el
teatro en el que la comedia tiene el ropaje ácido de la crítica y que supone su
regreso al teatro en catalán después de ocho años. En la pieza, se transmuta en
Claus Peymann, director fetiche de Thomas Bernhard, para quien el dramaturgo
escribió los tres textos de este montaje.
La noticia en otros webs
webs en español
en otros idiomas
Los dramolett son piezas teatrales breves, escritas en un tono satírico, con
referencias a la actualidad. El montaje que protagoniza Sardà cuenta con
dirección de la debutante Carme Cané, gran amiga y colaboradora de la actriz
("sin ella no habría podido hacer las galas de los Goya", asegura). Cané ha
trabajado como ayudante de dirección de Lluís Pasqual, Jordi Mesalles y Ferran
Madico, entre otros. Pepa López y Mercè Pons completan el reparto de esta
producción del Centre de les Arts Escèniques de Reus (CARS), que podrá verse en
el teatro Fortuny de Reus del 14 al 17 de este mes. El próximo septiembre,
abrirá la nueva temporada del teatro Romea de Barcelona.
Sardà asegura que para interpretar esta obra hay que ser "un atleta, y yo ya no
estoy para estos trotes". También ha disfrutado mucho durante los ensayos, pero
le da cierta pereza el estreno. "Como decía aquél, no me gusta que me miren
mientras trabajo. Pasas un mal rato y te examinas cada día, algo que considero
injusto", explica. Es en cierto modo un equivalente del amor-odio hacia el
teatro que Bernhard expresó en este espectáculo. Sardà admira al dramaturgo por
su talante provocador, y le considera "un antisistema". La fuerza del texto,
"que expresa una cierta impotencia del autor ante el mundo que representa: una
sociedad acomodada, consumista, de derechas", es lo que la convenció para
implicarse en el proyecto.
La actriz destaca también la gran sintonía entre todo el equipo, formado
mayoritariamente por mujeres. "No ha sido una casualidad que hiciéramos este
espectáculo, sino una causalidad". Y no le da ninguna importancia al intercambio
de sexos operado en el montaje, en el que el grueso de los personajes son
masculinos y están interpretados por actrices. La directora comparte este punto
de vista. "Lo que se dice en la obra es universal, tiene plena vigencia, y da lo
mismo que sea un hombre o una mujer quien hable de ello".
Bernhard, que a lo largo de toda su vida fue un azote para sus conciudadanos
austriacos (aunque él había nacido en Holanda, vivió buena parte de su vida en
el país de sus padres), en especial por su actitud ante el nazismo, vuelve a
arremeter contra ellos en estos Tres dramolette. Y lo hace sin dejar de hablar
ni un momento de teatro a través de estas tres piezas de tono diverso,
introducidas por la figura de un narrador (el papel le corresponde aquí a
López).
La primera de ellas, de cariz surrealista, se titula Claus Peymann deixa Bochum
i se'n va a Viena com a director del Burgtheater. En un tiempo en que dirigir
esta institución tenía una extraordinaria relevancia (en algunos círculos
austriacos se consideraba más importante este cargo que el de Canciller
Federal), Peymann y su secretaria (interpretada por Pons) tratan de decidir qué
llevarse a Viena dado que la mayoría de autores, obras y directores son
prescindibles.
En la segunda, sin abandonar el humor, Bernhard se sitúa por primera vez a sí
mismo sobre el escenario para criticar Austria, el Burgtheater y el teatro en
general. Finalmente, en la tercera pieza Peymann y el dramaturgo Hermann Beil,
su mano derecha, hacen balance de un año al frente de la institución vienesa y
de nuevo radiografían sin contemplación a los austriacos. En la actualidad, los
Peymann y Beil auténticos representan esta obra en Berlín.