14/4/2007  LA ENTREVISTA // PAUL RUSESABAGINA, POR IMMA MUÑOZ

 

Paul Rusesabagina: "Las palabras pueden salvar y pueden matar"

 

Director del Hotel Mille Collines durante el genocidio ruandés. Inspiró 'Hotel Ruanda'

 

Entre abril y julio de 1994, los ruandeses vivieron en el infierno. Miembros del Ejército y hutus radicales decidieron exterminar a la población tutsi del país. Entre el mar de horror que inundó Ruanda, emergió una isla de esperanza: el Hotel Mille Collines, donde 1.268 personas de ambas etnias lograron escapar de los machetes gracias a la astucia y la capacidad negociadora de su director, Paul Rusesabagina. El filme Hotel Ruanda narró su historia. Su protagonista la cuenta ahora en primera persona en Un hombre corriente (Península).

 

--Le va a costar convencerme de que es un hombre corriente.

--Solo intento describirme como me veo. Mucha gente ha hablado de mí como de un héroe, y no soy más que un hombre corriente, que hace su trabajo y que con eso a veces logra cosas extraordinarias, pero que también podrían conseguir las demás personas corrientes. Cualquiera está capacitado para hacer cosas buenas.

 

--Como salvar la vida a 1.268 personas arriesgando la propia.

--En realidad, yo no diría que salvé a la gente. Solo la ayudé. La salvación no es cosa del hombre, sino de Dios.

 

--¿Sigue creyendo en Dios?

--Antes del genocidio, muchos ruandeses creíamos en él de una manera orgullosa. Pensábamos: durante el día, Dios se va por el mundo, pero por la noche vuelve a Ruanda, que es su hogar. Es cierto que hoy esa percepción ha cambiado. Nos sentimos abandonados también por él.

 

--¿Qué pasó en esos 100 días?

--Una sucesión de desastres. El primero, la huida de los soldados belgas tras el asesinato de sus primeros compañeros. Se decidió entonces evacuar a todos los belgas, incluidos los soldados. Tras ellos se fueron los de EEUU, Gran Bretaña y el resto de países, que pensaron que si nos dejaban solos y la situación quedaba reducida a un conflicto interno, no se- ría cosa suya. Sin testigos incómodos, quienes estaban esperando para empezar a matar tuvieron vía libre.

 

--500.000 muertos. 5.000 al día. Cuatro por minuto. ¿Por qué la comunidad internacional no intervino?

--En primer lugar, porque EEUU que- ría mantenerse al margen, tras el desastre de Somalia. Cuando ellos se retiraron, otros países se sintieron legitimados para no actuar. En segundo lugar, porque Ruanda es un país pobre en recursos naturales, así que no había intereses que defender. Y sobre todo porque África en general ha sido abandonada por Occidente, como si no perteneciera al mismo planeta. Lo que ha pasado en Ruanda, en Burundi, en el Congo, es una vergüenza para la humanidad.

 

--Una emisora de radio se dedicó a exacerbar el odio contra los tutsis.

--Los medios tuvieron un papel fundamental en el genocidio de Ruanda. De hecho, en toda la historia reciente. Yo insisto en que las palabras son el arma más poderosa. Pueden salvar y pueden matar. Cuando mis vecinos empezaron a armarse, yo me negué a hacerlo. "Voy a empu- ñar mis palabras, la mayor arma del arsenal del hombre. Con ellas se puede hacer todo", dije a mi mujer.

 

--Dos palabras, "nunca más", se repitieron sin cesar en esas mismas fechas durante la inauguración del Museo del Holocausto, en Wa- shington. Menuda paradoja.

--A veces nuestras palabras no casan con nuestros actos. En esa inauguración, Al Gore dijo hasta 10 veces que nunca más se toleraría un genocidio, mientras en Ruanda sucedía exactamente eso. Ese "nunca más" acabó convertido en "una vez más, y otra vez más, y otra vez más", y esas palabras perdieron todo su sentido.

 

--Cuando acabó la masacre, se quiso quedar a reconstruir Ruanda.

--Confiaba en que el país habría aprendido de lo ocurrido y el futuro sería más próspero. Lo creí hasta el día en que un militar intentó matarme. Entendí que me tenía que ir.

 

--Se exilió a Bélgica y pasó de director de hotel de lujo a taxista.

--Todos los trabajos son buenos si se abordan bien. Lo importante es el deseo de superación personal y estar convencido de que cualquier tarea, si se hace bien, es digna de hacerse.

 

--Muestra una fe en el hombre que, a la vista de lo que vivió, sorprende.

--Creo en la buena fe de la gente. Son los dirigentes quienes quieren mantener el conflicto y la división para perpetuarse en el poder. La mayoría del pueblo quiere pactar, lo que pasa es que a los extremistas siempre se les oye más: hacen mucho ruido y parece que sean más de los que son.

 

--"Ruanda ha cambiado de bailarines, pero la música es la misma", dice. No es muy optimista.

--Si las cosas siguen como hasta ahora, Ruanda no va a ninguna parte. Pero soy optimista y creo que siempre hay una salida: el diálogo, que las partes se sienten y conversen.

 

--Tiene una fundación que vela por los huérfanos de la guerra. ¿Cómo están creciendo esos niños?

--Dependen de las oportunidades que les demos. Si nos preocupamos por ellos, si les educamos, tendrán un futuro. Pero si les abandonamos lo buscarán en el mal, y cualquiera podrá utilizarlos para sus fines...

 

--¿Qué le pediría a la comunidad internacional ahora?

--Que reconozca que el genocidio se veía venir, que no fue algo aislado, y que, ahora que sigue muriendo gente, intervenga antes de que se repita. Es el momento de entrar en el país y cambiar de una vez la situación.

 

--¿Cree que en Ruanda se depura- rán responsabilidades?

--Ese es mi sueño: que se haga justicia, pero una justicia real, sin miedo, una justicia verdadera y limpia. Solo así llegará la reconciliación.