"Dar es un derecho, pero también una necesidad" - LLUÍS
AMIGUET
Voluntarios
Shannon E. St. John, pionera del Movimiento Mundial de Fundaciones Cívicas
"Dar es un derecho, pero también una necesidad"
Tengo 54 años: con la edad te preocupa cómo dejarás el mundo y quieres y puedes
dar más. Nací en Orlando. Pedir es conceder la oportunidad de dar. La
solidaridad está en el ADN humano. Colaboro con la Fundación Bertelsmann en el
Movimiento de Fundaciones Cívicas.
Un grupo de vecinos quisieron hacer algo por su ciudad: lograron donativos por
valor de 3.000 euros y, para invertirlos, formaron un consejo y contrataron a
una persona lo bastante estúpida como para aceptar un trabajo así; imagínese el
sueldo.
¿La estúpida era usted?
Pues sí. Mi trabajo consistió en convencer a todos de que no hace falta ser rico
para dar, pero tampoco hay que ser político para decidir dónde, en nuestra
ciudad de Carolina del Norte, se puede emplear nuestro dinero.
¿Cómo les sacaba dinero a sus vecinos?
Explicaba que no se trata de donar y olvidarse, sino de gestionar lo dado, algo
más difícil pero más efectivo y gratificante. Convencí a gente pobre de que
dieran, pero también decidieran ellos dónde invertir sus donativos.
¿Hasta cuánto?
Recaudé cien millones de dólares que donaron desde el más rico del vecindario
hasta un recluso de la prisión estatal, que me envió una carta con tres billetes
de un dólar: "Me han dicho que usted recoge dinero y garantiza dónde se mete. Yo
seré feliz si este dinero que he ganado en el taller de la cárcel esta semana
sirve para que un chaval de mi barrio vaya a un campamento de vacaciones en las
montañas: yo nunca pude bañarme en un río frío y limpio, pero me gustaría que el
chaval se bañara ahora por mí".
¿Qué le pidió el rico del pueblo?
A los ricos todo el mundo les pide dinero cada día para todo tipo de cosas. Pero
yo sé la pregunta que nadie - rico ni pobre-nunca se ha negado a contestarme...
¿. ..?
¿En qué te gustaría ayudar?
¿Y qué contestó su millonario?
Pensó un rato. Y dijo que le preocupaba ver a los chavales de la ciudad en la
calle fumando droga y, al tiempo, comprobar, curso tras curso, cómo aumentaba el
fracaso escolar.
¿Y qué le propuso?
Le pedí una semana de tiempo y diseñé un plan de un centro de aprendizaje de
barrio: allí los chavales recibirían clases de repaso gratis y aprenderían a
usar la informática.
Buena idea.
Propuso que sus ingenieros que quisieran enseñarían matemáticas e informática a
los muchachos con problemas y nos sobraron voluntarios informáticos enseguida.
El centro empezó con cien chicos y ahora tenemos dos centros en el barrio con
más de mil.
Aquí cada uno paga sus impuestos y el Estado construye los centros necesarios.
Pagar los impuestos es otra cosa: un deber, pero la necesidad de dar es, ante
todo, una pulsión inscrita en el ADN de la humanidad. Dar es una necesidad y un
derecho.
El Estado de bienestar ya la ejerce por el ciudadano: por lo menos en la UE.
La filantropía privada o ciudadana no es una alternativa ni compite con el
Estado: ¿sabe qué creo que es la filantropía?
A veces suena a rancia dama de la caridad o a ricachón ocioso.
Ese sí que es un cliché desfasado. La filantropía es el derecho de una persona -
rica o pobre; con mayor o menor éxito-a devolver a su comunidad lo que de ella
ha obtenido. El Estado no puede suplantar a la persona en el ejercicio de ese
derecho; ¿cree usted que Alemania tiene Estado de bienestar?
Nació en Prusia: lo inició Bismarck.
Pues en Alemania funciona una excelente fundación cívica en Gütersloh. Allí la
comunidad decidió invertir su dinero en un discobús que llevara a los jóvenes a
las discos y evitara accidentes. La idea de una fundación cívica es que todos
den y todos decidan y esa idea es universal y transversal; en Zimbabue 40.000
ciudadanos aportan el equivalente a 80 centavos y deciden inversiones...
¿A todos les sobran 80 centavos?
Todos necesitan el orgullo de dar y decidir: es mejor que el dinero. Y en España
tenemos excelentes fundaciones cívicas como la Fundació Tot Raval (Barcelona);
Fundació Ciutat de Valls (Valls, Tarragona) y la Fundación Maimona (Los Santos
de Maimona, Badajoz). Mi idea es conectarlas para que todas aprendan de todas en
el mundo.
¿Qué mejoraría de nuestra filantropía?
Aquí están más acostumbrados a repartir dinero de subvenciones que a recaudarlo
del ciudadano y a ser voluntarios.
No me da usted ninguna noticia.
Pedir es conceder al otro la oportunidad de dar: llevo toda mi vida haciéndolo y
es maravilloso. Es más fácil conseguir donativos de los ciudadanos que lograr
que dediquen su tiempo a gestionarlos e invertirlos.
¿Cuanto más rico eres, más tacaño?
No es cierto. Al rico le piden más y por eso hay que acertar la causa que le
motiva más: todos tenemos la nuestra, pero nadie sabe mejor qué necesita una
comunidad que quienes viven en ella, por eso son tan efectivas las fundaciones
cívicas pegadas al barrio en las que los propios vecinos dan y reciben. Ellos
son también los mejores voluntarios: ¿recuerda el tsunami?
Fue una Navidad muy triste.
Pues los analistas extranjeros decidieron invertir parte de la ayuda humanitaria
en fabricar nuevos barcos de pesca, pero - precisamente por el tsunami-no había
ya turismo ni, por lo tanto, demanda de pescado; ni hoteles ni restaurantes con
turistas que lo pidieran, así que los costosos barcos acabaron convertidos en
leña para cocinar.
¿El vecino conoce mejor sus causas?
Es nuestro principio: dar, decidir y recibir sin salir de tu comunidad.
Voluntarios
De EE.UU. llegan noticias de delincuentes con licencia de Wall Street para
estafarnos, pero también emprendedores sociales como Shannon, con toda la
energía, iniciativa y espíritu cívico que, como diría Frank Capra, hicieron
grande a América. Shannon explica por el mundo modos inteligentes de ejercer la
necesidad y el derecho a donar; tan inherente a la condición humana como el de
recibir. En nuestra Europa del Estado omnipresente –y más ahora–, predicar el
voluntariado y la acción cívica es contracíclico, pero Shannon acierta al
repetir que la esencia de la democracia consiste en que cada uno decida cómo
invertir su tiempo y dinero, aunque sea más cómodo dejar que decidan por ti.