ENTREVISTA: VIDA SANA Daniel Pauly,
biólogo
“Los próximos 10 años decidirán el
futuro de nuestra civilización”
MALÉN AZNÁREZ 05/07/2009
Es uno de los 50 científicos más
influyentes del mundo. Este biólogo experto en mares alerta de los serios
peligros de la pesca tal como se practica ahora y denuncia la permisividad de
los Gobiernos.
Daniel Pauly es fruto de la liberación
de París en
“No está claro que consumir ciertos
pescados sea bueno para la salud”
“La pesca industrial se debe a las
subvenciones, pero eso no va a durar”
Pauly, de 63 años, casado y con dos
hijos, que pasó por Madrid para ejercer de presidente del jurado del Premio
Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Ecología y Biología de
¿Qué pasó para que, en pleno siglo XXI,
se hable todavía de su “infancia dickensiana”? Pasó que una familia suiza que
había perdido a un hijo de dos años se encontró en París con mi madre y conmigo
y pensaron que yo era el sustituto del niño perdido. Estaba enfermo y
convencieron a mi madre para llevarme a Suiza, donde, decían, me curaría. Ella
lo permitió, pero yo tenía que regresar a París en un tiempo, y la familia
suiza no lo permitió. A ella, que era pobre y estaba
muy aislada, le resultaba muy difícil conseguir mi regreso, y después de unos
años, y con otros hijos, creyó que yo estaba mejor en Suiza. Generalmente
asociamos Suiza con orden y tranquilidad, pero aquélla era una familia muy
difícil, desestructurada, con patología social. La hija era prostituta, el hijo
estuvo en la cárcel… Yo era como un pequeño observador. Ellos siempre me decían
que mi madre me había abandonado y que debía de estarles agradecido, pero nunca
formé parte de aquella familia, me aislé mentalmente de ella y los observaba
desde fuera. No quería hacer nada de lo que ellos hacían, por ejemplo, beber
alcohol o fumar.
¿Pero iba al colegio, llevaba una vida
de niño? Ha dicho en alguna ocasión que era un niño medio negro en una ciudad
blanca… Iba al colegio porque era público y gratis, pero ellos no se implicaban
en mi educación. Tuve que trabajar desde los 12 años, hacer todo el trabajo
doméstico y también trabajar en una pastelería que pagaba a la familia. Lo
único diferente es que tenía una madrina suiza que se casó con un español de
Cataluña, y ellos me dieron un ejemplo de una vida normal. Me trajeron dos
veranos, con 9 y 10 años, a Tarragona. Los niños de familias con problemas
normalmente no tienen una idea de otras familias diferentes, pero yo tenía
claro que no pertenecía a aquélla o a lo que podían ser otras familias. En
cuanto a lo del color, no es que me sintiera discriminado por racismo, no, sólo
era la sensación de ser diferente, de estar siempre observado como en un
escenario. Eso era muy fuerte en el campo porque en aquel tiempo en Europa no
había muchos negros… Donde yo vi por primera vez racismo fue en Estados Unidos
en los años sesenta. Así que a los 16 años, a la primera oportunidad, me fui a
Alemania.
Allí consiguió hacer el bachillerato y
luego ir a la universidad, parece que desde muy pronto supo abrirse camino en
la vida. Fui buscando formas para abrirme camino, y gracias a un pastor
protestante abrí una puerta. Dediqué un año de voluntariado a
¿Y lo encontró? Sí, porque mi madre
sabía dónde estaba, vivía en California. Murió en 1986, pero hubo un periodo en
el que pudimos conocernos, lo que fue bueno después de todo. Era un hombre
inteligente, cultivado, pero preso de sus propios demonios, porque en el sur de
Estados Unidos ser negro entonces era una tragedia inevitable. Lo único que
podían hacer era trabajar a un nivel muy bajo o meterse en las Fuerzas Armadas.
Él libraba una lucha permanente y gradualmente se convirtió en un amargado.
Obama, en su discurso sobre las razas, explicó bien esa situación: que hubo
muchos negros que no se dieron cuenta de que las cosas habían mejorado. Mi
padre tenía un buen amigo, del mismo Estado del sur, Arkansas, pero con una
trayectoria muy diferente, que entendió lo que pasaba, se desarrolló muy bien,
y el resultado es que tuvo tres hijas bien situadas. Una de ellas es mi esposa.
Tiene fama de iconoclasta. Dígame una
cosa, ¿esa infancia tan dura le marcó de alguna manera o le ha hecho más
fuerte? Pienso que muchas veces ese tipo de experiencia destruye a una persona,
y fue un accidente que no me implicara con aquella familia suiza, por eso creo
que pude salir adelante. Pero no sé si realmente me ha marcado Sí puedo decir
que mi actitud sobre la conservación del medio ambiente es intelectual, no
emocional. Es puramente intelectual. Soy iconoclasta porque las cosas tienen
que cambiar. Y para hacer espacio a las nuevas ideas, las cosas viejas tienen
que destruirse, hay que ser iconoclasta.
Quizá por eso Pauly es iconoclasta en
sus planteamientos científicos y en su especialidad por excelencia: los
recursos pesqueros y el deterioro de los ecosistemas marinos. En estos momentos
el 30% de las capturas pesqueras en todo el mundo son ilegales. Desde 1950, el
consumo de pescado se ha quintuplicado en el mundo, pero sólo un 0,7% de los
océanos están protegidos, frente al 10% de los bosques. Las flotas pesqueras
superan el 40% de su capacidad en relación con los recursos, y el 88% de las
reservas pesqueras sufren sobrepesca. Pauly denuncia la permisividad de los Gobiernos
al permitir ciertas prácticas, y asegura que, si no se crean enseguida nuevas
áreas marinas protegidas, pronto no podremos pescar más que medusas. Eso, sin
contar las consecuencias que esta presión ejerce sobre los ecosistemas marinos
y, en buena lógica, sobre el cambio climático.
Usted es muy pesimista, hay colegas
suyos que incluso le llaman extremista, sobre el declive de las reservas
pesqueras. Asegura que nos encaminamos hacia el desastre, pero habla de
conservar los recursos pesqueros, ofrecer un medio sostenible a los pescadores
y proteger el medio marino. ¿No es la cuadratura del círculo? Es posible
hacerlo. Y no acepto que soy pesimista y menos extremista, no quiero aceptarlo,
los que dicen eso tienen muchas veces una visión local de la pesca y no ven la
situación global. Yo digo que la pesca como la practicamos ahora, la pesca
industrial, es como una guerra contra los peces, y ganar esta guerra significa
que los peces van a desaparecer. La sostenibilidad es no pescar todo lo que
hay. Antes no se podían pescar todos los peces porque estaban demasiado
profundos o entre rocas, pero ahora, con los sistemas electrónicos y los
grandes barcos podemos atacar cada pez, no pueden escapar. Esta capacidad
tecnológica implica una necesidad de áreas prohibidas que no es diferente a lo
que teníamos antes cuando no podíamos llegar a todos los sitios. No podemos
utilizar toda la tecnología que tenemos para pescar. Es lo mismo que cazar
conejos con tanques, es una tontería. Se trata de establecer un equilibro entre
los cazadores y lo que se caza. Una pesquería artesanal podría exportar los
recursos pesqueros de la plataforma continental sin la destrucción y los
enormes costes que implica una pesquería industrial.
¿Pero en estos momentos hay alguna
posibilidad de volver a la pesquería artesanal? La razón por la que ahora
tenemos una pesca industrial son las subvenciones y el precio bajo del
combustible. Hay una patología, la de la energía barata, que hace posible
pescar como pescamos, pero no va a durar, y el aumento del precio del
combustible supondrá que será imposible pescar con estos barcos enormes. No es
mi opinión, es una reestructuración que ya ha empezado. Los políticos pueden
hacer dos cosas. Una, luchar para mantener la situación actual, lo que significará
más subvenciones para destruir más empleo y recursos, que es lo que ocurre
ahora. Por ejemplo, en España, los pescadores tradicionales pierden sus empleos
porque no pueden competir con las grandes flotas. No son los ecologistas los
que destruyen empleos en la pesca, son las grandes empresas. Y lo otro que se
puede hacer es utilizar las sumas de las subvenciones para facilitar una
reconversión que es inevitable, como pasó con la minería.
Hay científicos que dicen que se
exagera, que con la pesca hay ciclos naturales y que las especies se recuperan.
¿Va a pasar como con el cambio climático, que ha tenido negacionistas hasta que
ya es imposible negarlo? Hay negacionistas que siempre llaman tremendistas a
los biólogos, a los ecologistas o las ONG, pese a que los cambios que vemos son
científicamente razonables, pero ellos no hacen ninguna concesión. El 0,7%
actual de zonas protegidas es una zona pequeñísima de los mares, los espacios
que teníamos hace 20 o 30 años libres de pesca eran mucho mayores. Si nos
negamos ahora a adoptar soluciones fáciles, eso implica que luego serán mucho
más duras. Pasa igual con la salud, si una enfermedad la coges al principio es
más fácil tratarla que cuando está avanzada. Discutir con los negacionistas
pesqueros, como ha pasado con el cambio climático, es completamente inútil.
Decir que la pesca no tiene efecto sobre los ecosistemas y que todo está bien
es una tontería. Pero se pueden identificar los intereses económicos que tienen
algunos científicos, y cuando una persona tiene un interés directo para
mantener una situación, automáticamente queda descalificada. No se puede ser
juez y parte.
El fin de las subvenciones, que usted
reclama con urgencia, y la creación de nuevas reservas marinas, ¿serían
suficientes para frenar la situación de deterioro de las especies marinas? No,
es un error creer que este tipo de intervenciones son suficientes, pero son
necesarias. Los métodos clásicos de gestión de reservas pesqueras también
tienen que usarse fuera de las áreas reservadas. No podemos decir: vamos a
crear nuevas reservas y hacer en el resto, en el mar libre, todo tipo de
desmanes, no tiene sentido. Hay que zonificar los océanos y en cada zona tener
una gestión adecuada. Ahora todos los técnicos comprenden que esta zonificación
es necesaria. Parece que nos resulta más fácil entender esa situación en la
tierra, quizá porque podemos ver lo que pasa, su enorme deterioro, pero en los
mares no. Voy a decir algo que puede parecer exagerado… Si no atacamos el
problema del calentamiento global vamos a entrar en problemas para nuestra
propia civilización. Y los próximos 10 años decidirán lo que va a pasar con
nuestra civilización. No son las pesquerías, es el clima. Y tenemos que decidir
desarrollar reglas como parte del ajuste para nuestra supervivencia sobre el
planeta Tierra.
¿Qué papel juega la pesca en el
mantenimiento de los ecosistemas marinos y en el proceso global del cambio
climático? Creo que la pesca contribuye a los gases de efecto invernadero con
un 1%, no es mucho, pero también es una cantidad que debe reducirse porque más
de la mitad de esas emisiones son inútiles. Otros efectos son que cambia los
ecosistemas al provocar el crecimiento de algas, algunas muy peligrosas y
dañinas, y también alienta el crecimiento de zonas donde no hay oxigeno, zonas
muertas que están especialmente vinculadas a las actividades pesqueras. Lagente
puede pensar que se debe a sustancias fertilizantes que vienen de la tierra, es
así, pero también está causado por la actividad pesquera, que cambia la vida
del sistema ecológico ycontribuye a efectos del calentamiento climático. En
realidad, el calentamiento global representa una oportunidad para rehabilitar
el planeta y parar la destrucción. Lo que hemos hecho hasta hoy con las zonas
pesqueras es destruir los recursos, y tenemos que aprender a coexistir con la
naturaleza.
Hablando de destruir, España tiene una
de las mayores flotas pesqueras del mundo y también es uno de los países que
más pescado consume. Se nos ha acusado de piratas, ¿lo somos? Sí.
Nos hemos cargado la anchoa del
Cantábrico y prácticamente el atún del Mediterráneo, ¿estamos abocados a comer
pescado de acuicultura? No creo que la acuicultura marina pueda desempeñar el
papel que la gente espera, porque necesita cantidades cada vez mayores de
harinas y aceite de pescado para los piensos, y se fabrican con peces pequeños
de zonas donde no pueden crecer, en lugar de utilizarse para la alimentación.
En España se comen, y mucho, esos
pescados, la anchoa, la sardina, la caballa… Exactamente. Yo pienso que es
posible adaptar las pesquerías para que produzcan para los mercados locales,
como en España. Por ejemplo, en Perú se pescan cinco millones de toneladas de
anchovetas, casi todas para harina de pescado, cuando se podrían utilizar para
consumo humano. Afortunadamente, ha habido un cambio de actitud y ahora la
anchoveta también se utiliza en Perú para consumo humano, han aprendido a hacer
buenos platos con este pez. Yo pienso que en el futuro el consumo no será sólo
de acuicultura, sino también de peces pequeños, creo que las sardinas, anchoas
y similares son los peces del futuro.
¿Qué pasa con las modas culinarias como
ahora la del ‘sushi’, que lleva a un consumo desaforado de especies como el
atún mediterráneo, en grave peligro? ¡Ah el sushi!, creo que son modas
peligrosas en parte. El consumo de mucho sushi es un problema, por ejemplo, el
atún y otros pescados acumulan mercurio y otros elementos que no son buenos
para el hombre. Otra cosa es el mito de que los pescados son buenos para la
salud a partir de su omega3, y esto es una moda. Nosotros hemos hecho en
Toronto, con otros científicos, un estudio que se ha publicado en Medical
Journal of Canadian Asociation, y parece que la evidencia de consumir
determinados pescados para una buena salud no está tan clara, sino que es otra
moda. Si una persona tiene una alimentación equilibrada, este aumento de omega3
no hace un efecto especial.
¿Quiere decir que debemos consumir
menos pescado? Una persona con una alimentación equilibrada no va a aumentar su
calidad de vida por comer más pescado. Y hay muchísimas personas que no
consumen pescado en absoluto y no parece que tengan graves carencias, es una
bobada. Yo tengo 63 años y recuerdo otras tonterías: la vitamina D, las fibras
Cada cinco o diez años hay una moda alimenticia. Pero ocurre que el cambio de
nuestra alimentación va estar dictado por las circunstancias, el pescado no va
a estar disponible, y eso cambiará las cosas.
¿Por qué se les consiente a los
japoneses esas prácticas depredadoras, siguen pescando ballenas, incluso en
Usted dice que la política pesquera de
¿Hay que imponer más vedas? Las vedas
son una buena metodología para los peces pequeños, pero si después de la veda
las pescas se hacen sin medida son inútiles. Hay que modificar la gestión integral.
La solución no puede venir sólo de una medida, sino de todas juntas, hay que
reducir la presión humana en el ecosistema, la demanda que tenemos con los
ecosistemas.
¿Tiene alguna esperanza de conseguirlo
con unas presiones económicas tan fuertes? El desafío es claro y creo que ahora
hay un riesgo que entendemos mejor, que hay un peligro de destrucción de
nuestra civilización, y esto reducirá, espero, el impacto de los grupos
económicos. Pienso que saldrán nuevas reglas de funcionamiento internacional,
aunque en el conjunto de la protección ambiental la pesquería pueda parecer un
problema menor. Está claro que tenemos un problema entre la ecología y la
injusticia social, y eso lo podemos ver ahora con las negociaciones sobre el
cambio climático, en las que países como China no quieren abandonar su
expansión porque históricamente es legítima, aunque a nivel ecológico es una
catástrofe.
Dígame tres medidas claras que hay que
tomar ya mismo como primer paso para afrontar el
problema. Además de terminar con las subvenciones a la pesca –especialmente las
que contribuyen a mantener situaciones falsas, como las de los combustibles y
crear áreas protegidas, es imprescindible el respeto a los científicos y a las
medidas que ellos aconsejan. Hay una falta de comunicación entre la ciencia y
los que tienen el poder de decidir. En principio, los científicos deben estimar
los recursos pesqueros y cómo conservarlos, pero luego son los políticos, los
gobiernos, los que usan esa información. Y ocurre que sus decisiones son
independientes de la ciencia y sólo consideran las peticiones que vienen de la
industria pesquera, y no sólo en los países subdesarrollados, también en los
desarrollados. En 1993 tomé una decisión, trabajar para las ONG, porque ahora,
en muchos casos, representan mejor a los ciudadanos que los políticos, que sólo
representan a una parte de los intereses. Pero esta representación ciudadana
antes se hacía de una forma emocional y no científica. Ha habido ONG que
trabajaban no sólo sin ciencia, sino contra la ciencia Lo que yo he descubierto
es que hay que hacer ciencia que ayude a las ONG sin ser parte de su programa.
Yo trabajo para ellos, pero desde fuera, soy líder de un proyecto que se llama
Sea Araund Us y que estudia el impacto de las pesquerías en los ecosistemas
marinos, y los resultados que se publican son muy útiles para las ONG.
Cuando ahora, que le consideran uno de
los 50 científicos más influyentes del mundo, echa una mirada a aquel niño de
infancia dickensiana, ¿qué piensa? Eso de la influencia es una exageración…
Desde el punto de vista estadístico, mi trayectoria ha sido muy extraña, no se
podía pensar que aquel niño pobre llegaría a ser un científico, pero en la
situación actual puedo decir que cada científico conoce a muchos científicos
que son mejores que él, y yo también conozco a muchos científicos que son
mejores que yo.
Un controvertido influyente
El más citado. Daniel Pauly (París,
1943), doctor en Biología y Oceanografía por
Premiado y controvertido. Con premios
como el International Cosmo Prize, el Ted Danson Ocean y el Ramón Margalef de
Ecología, Pauly, comprometido con la conservación de la naturaleza –pertenece a
la directiva de