Nuestra conciencia, lejos ya de ser humana.
Rosario Sosa Parra
La visión mecanicista del mundo ha contribuido a crear prácticas devastadoras para el ambiente. La ley del más fuerte y el hombre como centro del mundo con todo lo existente a su servicio, ha propiciado grandes injusticias y el actual deterioro ambiental.
Estos conceptos antropocéntricos han “justificado” y “legitimado” que podamos saquear y destruir ecosistemas, reducir los espacios de los animales, hacinarlos en granjas para producir, reproducir y experimentar con ellos, sin tomar en cuenta su sufrimiento; encerrarlos en zoológicos para satisfacer nuestro deseo de “estar cerca de la naturaleza”, modificarlos genéticamente, clonarlos.
La protección de las llamadas especies “Bandera” como el flamenco o la tortuga marina trae como beneficio la protección de su hábitat y animales que allá viven, pero proteger sólo a ciertas especies no es proteger la naturaleza.
Se le niega alma a los animales para justificar los abusos y la esclavitud a que los sometemos, pero recordemos que en épocas pasadas también se le negaba un alma inmortal a los negros e indígenas, que fueron objeto de terribles abusos y esclavitud. La conciencia animal y humana no es igual, pero no por eso podemos negar que exista.
Un buen ejemplo de la creatividad e inteligencia animal lo proporciona la zoóloga Jane Goodall; refiere que un chimpancé de los más débiles le robó dos latas vacías y las usó para hacer tremendo ruido que asustó a los chimpancés fuertes del grupo y a partir de ese momento pasó a ser el rey sin corona del grupo, los chimpancés fuertes lo despiojaban con humildad para evitar que volviera a asustarlos con el ruido de las latas.
Otro ejemplo que se contrapone a la idea Darwinista del dominio del más fuerte lo ofrecen los lobos y babuinos; en la lucha por la jerarquía del grupo jamás llegan al asesinato del oponente, sólo son actitudes intimidantes y si el lobo o babuino ganador gobierna como tirano será destituido por la “asamblea” para elegir al más justo. Entre los babuinos las hembras no dispensan sus favores al macho agresivo, prefieren al macho amable y gentil con ellas y los pequeños.
Los humanos estamos en la cima de la evolución, hemos dominado, controlado y transformado nuestro entorno, pero hemos desconectado nuestra evolución del sentimiento, de la compasión y la solidaridad con los otros seres vivos de nuestro planeta. Cuando la evolución humana está desligada de compasión y sentimientos, entonces el ser humano se vuelve una criatura muy peligrosa.
No somos amos de la Tierra, somos parte de ella, somos sus hijos, descansamos en sus fuertes brazos, en su gran regazo. Todo nos pertenece ahora, pero también a las futuras generaciones. Cuando destruimos estamos cortando los frágiles hilos de la vida, hilos que nos mantienen a todos unidos. Los animales tienen derechos, son criaturas con necesidades y sentimientos que sólo difieren de los nuestros en intensidad. ¿Por qué el humano trata a los animales con tanta crueldad? Como dijo Herman Hesse “las verdaderas virtudes molestan siempre y provocan odio”.
— Mérida, Yucatán. vaniaz29@hotmail.com ————— *) Presidenta de la Asociación por los Derechos de los Animales en Yucatán, A. C. (ADAY)